La cocina del siglo XVII

La planta baja de la parte trasera del Museo Ons’ Lieve Heer op Solder se divide en tres partes: un zaguán, la cocina con la chimenea (para dar luz, calor y como cocina) y el fregadero, donde se guardaban los alimentos y se lavaban los platos. En el siglo XVII, el lavado de los cacharros se hacía en la cisterna, probablemente el único punto con agua corriente de toda la casa. Aquí también se encuentra la puerta del pequeño retrete, un aseo que se limpiaba con un cubo de agua.

Debido a que los tres espacios daban a un callejón, eran bastante oscuros. Para permitir en la mayor medida posible la entrada de la luz de día, durante la construcción de esta casa (que originalmente no estaba conectada a la casa del comerciante Jan Hartman) se colocaron grandes ventanales en la puerta principal. Desde la restauración, la iluminación de las habitaciones ha tratado de recrear de nuevo la atmósfera del Siglo de Oro. Además, también se rasparon con infinito cuidado algunas capas de pintura de los marcos de las ventanas y del techo, a fin de determinar cuáles eran los colores originales de la madera en esta parte de la casa. Los investigadores descubrieron que eran de color rojo oscuro y marrón oscuro, por lo que estos colores pueden verse ahora de nuevo.